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LA DIFERENCIA ENTRE UNA REFLEXIÓN Y LA PROPAGANDA NO ESTÁ EN EL TONO SINO EN EL MÉTODO

LA DIFERENCIA ENTRE UNA REFLEXIÓN Y LA PROPAGANDA NO ESTÁ EN EL TONO SINO EN EL MÉTODO


Cuando alguien reflexiona, los hechos pueden obligarle a cambiar su conclusión. Cuando alguien hace propaganda, la conclusión ya está decidida y los hechos se ordenan alrededor de ella.


El procedimiento suele ser discreto.

Primero se fija el marco moral que orienta la lectura. Después se seleccionan y se organizan los hechos que encajen dentro de ese marco. Lo que encaja se amplifica y lo que no desaparece. Al final todo parece razonable, incluso inevitable.


Una señal bastante clara de que ya no estamos ante una reflexión sino ante un relato dirigido es que no se examina la lógica del problema, se señala al culpable conveniente. Si la misma lógica apareciera en el propio bando, el análisis sería mucho más silencioso.


Por eso conviene recordar algo muy simple: la reflexión empieza cuando los hechos pueden cambiar nuestra conclusión. Si la conclusión ya está decidida de antemano, lo que queda no es pensamiento reflexivo.


Es propaganda con buenos modales.

 
 
 

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